En La Rueda del Café, Julio compartió su experiencia y su labor en la triple frontera con Paraguay y Brasil, donde trabaja con niños con discapacidad y comunidades vía guaraníes, evitando la mortalidad infantil, el trabajo infantil y previniendo la trata de personas.
A pesar de las dificultades que enfrenta en su trabajo, como la falta de transporte y la escasez de recursos, ha logrado construir escuelas y generar un sistema de becas para que los niños puedan asistir a la escuela y no tengan que trabajar en la yerbatera o migrar para evitar ser captados por el contrabando y el narcotráfico. Su labor ha permitido erradicar la malnutrición en 14 comunidades y generar huertas para la soberanía alimentaria.
Sin embargo, también enfrenta presiones y amenazas por parte de funcionarios que han tratado de ocultar determinados procesos que ocurren regularmente en el campo. A pesar de esto, Julio sigue adelante con su labor, educando a los padres y las familias para que puedan atender y entender las necesidades de sus hijos y prevenir enfermedades como la leishmaniasis o el dengue.
En tiempos de pandemia, Julio continuó su labor con protocolos de seguridad para proteger a los niños con enfermedades infecto-contagiosas. A pesar de la falta de transporte, ha logrado vacunar a los niños en las comunidades más alejadas.
Julio Manuel Pereyra, aquel muchacho de La Paloma, que extraña el olor salitroso del mar, es un ejemplo de dedicación y compromiso con las comunidades más vulnerables. Su labor ha sido reconocida por Naciones Unidas, pero su verdadera recompensa es poder visibilizar la realidad de estas comunidades y prevenir situaciones que ponen en riesgo la vida de los niños. Esperamos que la labor de Julio inspire a otros a seguir su ejemplo y trabajar por un mundo más justo y equitativo.



