Todavía se pueden ver, aunque en Rocha ya quedan muy pocos.
Podemos llevarles nuestros zapatos más queridos y confiar en que ellos puedan devolverle la vida y el lustre que una vez tuvieron.
Tenemos la oportunidad de visitarlos y evocar en su taller ese olor a cuero, viejo y nuevo, cada vez más difícil de encontrar.
Igual que a ellos mismos, los zapateros, artesanos y profesionales que van cerrando sus negocios amedrentados por una industria del calzado que sustituye cuero por plástico y calidad por mediocridad.
Aún es posible ir, conversar o tratar con los zapateros, pero apresúrese porque se trata de un oficio en extinción. A día de hoy, muchas de sus herramientas desaparecieron y las técnicas se modificaron ante la aparición de los nuevos métodos de producción, del calzado de plástico, los tacones de goma prefabricados o el calzado menos duradero y concebido para usar y tirar.
Como en casi todos los oficios artesanos, el conocimiento y habilidades del zapatero se transmitían habitualmente de padres a hijos, o bien a jóvenes aprendices que ayudaban en el taller al tiempo que aprendían el oficio.
Ese es el caso de Emilio Guerra, 40 años en el oficio , hoy al frente de la zapatería que comenzó su abuelo hace mas de 80 años en Rocha, y continuó su padre , el «querido Rafa» .
La Rueda del Café lo visitó en su taller de la calle Gral. Artigas en pleno centro de la capital departamental.
Taller que ha servido de tertulias interminables , donde los amigos de «los Guerra» charlan de los temas «del día» entre olor a pegamento y cuero.
Emilio los escucha, siempre en su silla, arreglando ese zapato que llegó a ultimo momento y espera algún pie descalzo.
Por eso, mientras pueda, confíe sus mejores zapatos a un zapatero.
En sus manos expertas, el calzado de calidad lucirá mejor que nunca, será más cómodo que cualquier otro par que pueda comprar y, sobre todo, estará en contacto con un artesano que ejerce un oficio con 15.000 años de historia.



