En un escenario que desafía las expectativas tradicionales de la producción arrocera, en las costas de la Laguna Merín, muy cercana a Cebollatí, , ha sido testigo de un fenómeno agrícola sin precedentes.
A pesar de las severas inundaciones que azotaron la zona, se ha logrado una cosecha de arroz que, en condiciones normales, habría sido descartada como pérdida total.
Este acontecimiento ha suscitado asombro entre los agricultores y expertos, quienes destacan la resistencia de este cultivo particular frente a adversidades extremas.
Las inundaciones en la Laguna Merín, que ocurrieron a principios de este año, sumergieron amplias áreas de cultivo durante más de dos meses.
Según lo informado por el productor Modesto Silva, “el arroz estuvo sumergido bajo el agua durante dos meses y medio, y sin embargo, ha salido sano”.
Esta declaración pone de relieve la singularidad del evento, ya que, en condiciones típicas, el arroz que permanece sumergido por un período tan prolongado tiende a descomponerse y perder toda su viabilidad comercial.
Silva explicó que la cosecha de arroz en esta región generalmente se lleva a cabo entre los meses de marzo y abril. Sin embargo, debido al desbordamiento de la laguna, muchas de las áreas cultivadas quedaron completamente inundadas, lo que inicialmente llevó a los productores a dar por perdida la cosecha.
No obstante, a medida que el nivel del agua comenzó a descender, se revelaron 150 hectáreas de arrozales que habían permanecido sumergidos pero en sorprendente buen estado. “A medida que el agua bajó, vimos que el arroz estaba sano, y decidimos comenzar la cosecha”, comentó Silva.
El arroz cosechado, a pesar de las adversidades, mostró un nivel de pérdidas relativamente bajo, con un 20% de la producción afectada, una cifra significativamente menor de lo esperado. Silva subrayó que este resultado es altamente inusual, señalando que “es muy raro que un arroz que ha estado bajo el agua por tanto tiempo se mantenga en estas condiciones”. La particularidad de esta situación podría estar relacionada con la variedad de arroz cultivada, que ha demostrado una resistencia notable ante las inundaciones.
Este caso ha despertado el interés de la comunidad agrícola, que busca comprender las razones detrás de este fenómeno. Los ingenieros agrónomos que han analizado la situación sugieren que la baja temperatura del agua podría haber jugado un papel clave. “No es lo mismo un arroz tapado con aguas tibias que uno tapado con aguas frías”, explicó Silva, citando las conclusiones preliminares de los expertos. Además, los análisis realizados por el molino Samán, al cual se destina la mayor parte de la producción, confirmaron que el arroz presenta un 58% de grano entero y un 62% de grano blanco, cifras que, aunque ligeramente inferiores a lo habitual, son más que aceptables dadas las circunstancias.
A nivel económico, las inundaciones han dejado una marca significativa en la producción arrocera de la región. Silva estimó que las pérdidas para los productores locales ascienden a aproximadamente 600,000 dólares, una cifra considerable que refleja el impacto de las condiciones climáticas adversas. Sin embargo, a pesar de estas pérdidas, el hecho de que se haya podido recuperar una parte importante de la cosecha es visto como un logro inesperado. “Se perdió mucho, pero también se logró rescatar una cantidad significativa de arroz que, en otras circunstancias, se habría descartado por completo”, indicó Silva.
El fenómeno observado en la Laguna Merín podría tener implicaciones más amplias para la producción arrocera en zonas vulnerables a inundaciones. La capacidad de este cultivo para resistir largos períodos de inmersión sugiere que la elección de variedades específicas de arroz podría ser una estrategia eficaz para mitigar los riesgos asociados con las condiciones climáticas extremas. En este sentido, el caso de la Laguna Merín podría servir como un precedente para investigaciones futuras y el desarrollo de prácticas agrícolas más resilientes.