Fue un fin de semana soleado, de esos que invitan a salir y explorar los rincones más escondidos de Rocha.
Los visitantes, curiosos y expectantes, llegaban a Finca Consentido, una estancia vinícola que, en el marco del Día del Patrimonio, abría sus puertas para compartir algo más que buenos vinos.
Entre los viñedos y la brisa suave, se respiraba una historia profunda, una que hablaba de amor, de decisiones valientes y de sueños hechos realidad.
Alejandro García, uno de los propietarios, recuerda cómo comenzó todo.
“El amor fue el primer vínculo”, confiesa mientras sonríe al pensar en su esposa, Ana Laura. Para él, la finca no es solo una propiedad, es el fruto de un camino compartido, lleno de momentos que los llevaron a transformar esa tierra en un lugar de conexión con la naturaleza, con el vino y con la vida misma.
Todo comenzó con un viaje. Alejandro, mexicano de nacimiento, llegó a Uruguay por primera vez cuando aún era novio de Ana Laura.
«Ella es de aquí, de Rocha, y en nuestro primer viaje juntos me mostró esta casa», cuenta, señalando la casona de piedra que preside la finca. «En ese momento no sabíamos que años después sería nuestra, ni que marcaría el inicio de un proyecto que uniría nuestras pasiones».
Con el paso del tiempo y ya viviendo en Barcelona, la noticia de que la casa estaba en venta les llegó como una señal. «Nos generó mucha curiosidad, pero también mucho respeto», recuerda Alejandro.
«Estábamos a más de 12.000 kilómetros, y la pregunta era: ¿Qué hacemos con una finca en Rocha?». Sin embargo, algo en su interior les decía que valía la pena arriesgarse.
Fue entonces cuando se les ocurrió la idea de plantar un viñedo. La pareja había recorrido viñedos en lugares remotos del mundo, buscando siempre esos pequeños proyectos familiares que ofrecen vinos únicos.
«Somos apasionados del enoturismo», explica Alejandro. «Nos encantaba visitar bodegas escondidas, esas que te sorprenden por su autenticidad. Y pensamos, ¿por qué no hacer lo mismo aquí, en Rocha?».
La decisión no fue fácil. Antes de dar el primer paso, hicieron estudios de suelo, analizaron las condiciones climáticas y hablaron con expertos. Los resultados fueron alentadores: «Nos dijeron que las condiciones eran perfectas para cultivar uvas», relata con entusiasmo.
«La tierra era ideal, con una mezcla de arcilla y cuarzo, y el viento oceánico aportaba un ecosistema único que ayudaba a mantener las vides sanas».
A partir de ahí, el sueño comenzó a tomar forma. Con trabajo duro y mucha paciencia, Finca Consentido se convirtió en una realidad.
Los vientos que soplan desde el océano Atlántico se convirtieron en aliados, ayudando a que las uvas crecieran más fuertes y limpias, sin los temidos hongos que a menudo acechan a los viñedos.
El Encuentro de Pasiones
La relación de Alejandro y Ana Laura con Rocha fue siempre algo más que un simple proyecto agrícola.
Era una conexión emocional, un lugar que representaba la unión de dos mundos, el de México y Uruguay.
Mientras caminaban por los campos, diseñando cómo sería la finca, sabían que no solo estaban creando un viñedo, sino un espacio donde el amor por la tierra y el vino pudiera florecer.
A lo largo de los años, Alejandro y Ana Laura no estuvieron solos en este viaje.
Formaron un pequeño clúster con otros productores de vino en Rocha, una comunidad unida por el deseo de compartir su pasión. «Hemos trabajado con otros viñedos locales para crear sinergias», explica Alejandro. «Queremos poner a Rocha en el mapa de los vinos del Nuevo Mundo, y lo estamos logrando juntos».
Una Experiencia para los Sentidos
En el Día del Patrimonio, Finca Consentido abrió sus puertas al público. Los visitantes llegaron desde diferentes rincones del país, atraídos no solo por la promesa de probar buenos vinos, sino por la historia que había detrás de cada copa. «Cuando la gente viene aquí, no solo queremos que disfruten del vino», comenta Alejandro, «queremos que sientan lo que nosotros sentimos cuando decidimos embarcarnos en esta aventura».
Mientras los grupos caminaban entre las vides, escuchaban atentamente las explicaciones sobre el proceso de producción, desde la selección de las uvas hasta la fermentación. Alejandro, apasionado y orgulloso, compartía los detalles con cada visitante. «Aquí, cada vino tiene su propio carácter, porque cada rincón de la finca aporta algo único», decía, sosteniendo una copa de uno de los vinos más preciados de la finca.
Los visitantes no solo probaban el vino, sino que también podían sentir el viento en sus rostros, el mismo viento que, como contaba Alejandro, ayudaba a mantener los racimos libres de impurezas. El paisaje, con el océano no muy lejos, completaba la experiencia. «Es un lugar mágico», comentó uno de los visitantes, asombrado por la belleza del entorno.
El Futuro de Finca Consentido
Alejandro y Ana Laura saben que este es solo el comienzo. «Tenemos mucho por delante», asegura Alejandro, con una mirada llena de esperanza. Su sueño es que Finca Consentido siga creciendo, no solo como un viñedo, sino como un destino enoturístico donde la gente pueda desconectarse, aprender y, sobre todo, disfrutar del vino en su estado más puro.
Con el tiempo, esperan que más personas descubran el encanto de Rocha, su tierra y sus vinos. «Queremos que Finca Consentido sea un lugar donde el amor y la pasión por el vino se encuentren», concluye Alejandro, mientras el sol comienza a ponerse detrás de las colinas, tiñendo el cielo de tonos dorados y púrpuras.
Así, entre las uvas y el viento, la historia de Finca Consentido continúa creciendo, como las vides que cada año producen nuevos frutos, listos para convertirse en vinos que cuentan la historia de una familia, de un sueño y de un lugar único en el mundo.
Finca ConSentido,en Rocha, con entrada por el Km. 247,500 de la Ruta 13, entre Velázquez y Castillos. Consultas y reservas aquí ».