En el marco del Día del Patrimonio, el sommelier Santiago Cazaux nos ofreció un recorrido por la rica y compleja historia del vino en Uruguay. Bajo el lema «El vino como tradición: Inmigración, trabajo e innovación», se celebran las raíces de una industria que ha sido clave en el desarrollo económico y cultural del país.
A continuación, destacamos los momentos más relevantes de esa historia, según lo relatado por Cazaux.
Los pioneros de la industria vitivinícola uruguaya
Según Santiago Cazaux, los primeros pasos hacia la industrialización del vino en Uruguay fueron dados por dos figuras centrales: Pascual Harriague y Francisco Vidiella. «Ellos fueron quienes, con una gran visión de futuro, comenzaron a industrializar la producción de vino en el país», explica el sommelier.
Aunque la vid ya existía en territorio uruguayo desde antes de la formación de la República Oriental del Uruguay, Harriague y Vidiella fueron los primeros en emprender la producción a gran escala.
Cazaux relata que, en los primeros tiempos, el vino uruguayo se producía de manera rudimentaria, con uvas provenientes de parras plantadas en los hogares. Incluso se cuenta que, durante la celebración de la jura de la Constitución, se brindó con vino local. Sin embargo, los esfuerzos de Harriague y Vidiella para profesionalizar la producción fueron fundamentales. «Plantaron viñedos, experimentaron con diferentes técnicas y, aunque perdieron mucho dinero en el proceso, lograron establecer una base sólida para la industria», añade.
La filoxera: una crisis que transformó la viticultura
A finales del siglo XIX, la viticultura uruguaya enfrentó una crisis devastadora con la llegada de la filoxera, un parásito que ataca las raíces de la vid y que diezmó los viñedos tanto en Uruguay como en todo el mundo.
Cazaux señala este episodio como un «hito en la historia del vino», ya que obligó a replantear la forma en que se cultivaban las vides en el país. «La filoxera arrasó con las plantas, lo que llevó a la necesidad de una reconversión de la industria», comenta.
Frente a esta crisis, el Estado uruguayo reconoció el valor económico y social de la industria vitivinícola, y decidió intervenir para apoyar su recuperación.
Nuevas variedades de plantas más resistentes fueron introducidas, lo que permitió que la producción no solo se recuperara, sino que creciera significativamente en las décadas posteriores.
El auge de la vitivinicultura uruguaya
El sommelier destaca que, para mediados del siglo XX, Uruguay había alcanzado un notable crecimiento en su superficie plantada de viñedos. «En la década de 1950, el país llegó a tener 19,000 hectáreas de viñedos, una cifra impresionante si la comparamos con las 6,000 hectáreas actuales», puntualiza Cazaux.
Este auge se debió en gran medida al trabajo de los inmigrantes europeos que llegaron a Uruguay con un profundo conocimiento de la vitivinicultura y que fueron claves para el crecimiento de la industria.
Regulación y avances: el nacimiento del INAVI
La expansión de la industria del vino en Uruguay también estuvo acompañada de desafíos relacionados con la calidad del producto.
Durante gran parte del siglo XX, la producción de vino se enfrentó a problemas de adulteración y falta de controles estrictos, lo que afectó negativamente la reputación de los vinos locales.
No obstante, en 1987 se produjo un avance significativo con la creación del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI). «El INAVI fue un paso clave para la regulación de la industria», comenta Cazaux, «ya que permitió mejorar la calidad del vino, garantizar su autenticidad y poner fin a las prácticas de adulteración que eran comunes en ese entonces».
El sommelier destaca que, aunque la industria vitivinícola ha experimentado altibajos, el esfuerzo conjunto del Estado, los productores y los consumidores ha permitido que el vino uruguayo gane reconocimiento internacional. «Hoy en día, Uruguay es reconocido por la calidad de sus vinos, y esa es una victoria de todos aquellos que, a lo largo de la historia, han apostado por esta industria», concluye.
Un legado de trabajo e innovación
La historia del vino en Uruguay está marcada por el esfuerzo, la visión y la capacidad de adaptación de sus pioneros. Desde los primeros intentos de Pascual Harriague y Francisco Vidiella hasta la intervención estatal para salvar la industria de la filoxera y la posterior creación del INAVI, el vino ha sido un elemento central en la cultura y la economía uruguaya.
El Día del Patrimonio es una ocasión para celebrar ese legado y para recordar que, detrás de cada botella de vino uruguayo, hay siglos de tradición, inmigración, trabajo e innovación. Y aunque los desafíos continúan, la historia del vino en Uruguay es, en última instancia, una historia de resiliencia y éxito.