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«Un caballo bello que parecía tener inteligencia»: Pampero y su especial vínculo con Gonzalero

Pampero, el legendario caballo de jineteadas uruguayo, falleció a los 20 años, dejando tras de sí un legado imborrable en las criollas y en los corazones de quienes lo admiraban.

Conocido por su imponente presencia y su destreza en las competencias, este caballo fue catalogado por muchos como «el mejor caballo de jineteadas de Uruguay», según explicó su propietario, José Luis González, más conocido como «Gonzalero».
«Este caballo era importante donde quiera que pisara, un pingo reconocido», expresó Gonzalero, recordando con orgullo cómo Pampero se convirtió en un ídolo de las jineteadas. «La gente venía solamente a verlo a él, como si fuera un buen jugador de fútbol, o tal vez más, porque muchos lo catalogan como el mejor».
A lo largo de su carrera, Pampero no solo ganó numerosos premios, sino que también generó una conexión especial con el público. Su habilidad para ofrecer un espectáculo único era inigualable. «Cuando Pampero estaba listo para salir, todo el mundo quedaba en silencio. Salía a corcovear y reventaba aquello. Él disfrutaba de eso, le gustaba mostrarse cada vez más», señaló su dueño. Esa capacidad para generar expectativa y emoción en cada una de sus presentaciones fue lo que lo consagró como una leyenda en las jineteadas.
Pampero fue montado por varios de los jinetes más destacados, tanto uruguayos como extranjeros. «Pato Santana, que lo montó más que nadie, ganó 32 primeros premios con él», destacó Gonzalero. Además, agregó que jinetes argentinos y brasileños también tuvieron el honor de montar a Pampero, siendo éste protagonista de los mayores puntajes en el Prado, el principal escenario de las criollas en Uruguay.
El fallecimiento de Pampero, según su propietario, fue repentino. «No soy veterinario, pero por lo que vimos con el veterinario, coincidimos en que murió del corazón», explicó Gonzalero, quien con tristeza rememoró el último día de vida de su caballo. «De repente cayó, y eso fue todo».
Más allá de las competencias, Pampero era un miembro muy querido de la familia. «Aquí en casa era una mascota más», dijo su dueño. «Siempre comió sus dos raciones diarias, y nunca le faltó nada».
Entre las anécdotas que González compartió, destacó cómo el caballo solía jugar con los teros en el campo, correteándolos de un lado a otro como si se tratara de un juego.

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