Pampero, el caballo más laureado de las jineteadas en Uruguay, falleció a los 20 años, dejando una huella imborrable en la historia de las criollas del país.
Este legendario equino, propiedad de José Luis González, conocido como «Gonzalero», era más que un simple animal de competencia; era una verdadera estrella tanto en Uruguay como en Argentina y Brasil.
A lo largo de su carrera, fue montado por jinetes de diferentes nacionalidades, ganando incontables premios y consolidándose como uno de los caballos más difíciles de igualar.
Willan Dialutto, en una emotiva intervención en el programa «La Rueda del Café», habló de Pampero antes de una entrevista con José Luis González.
Destacó las características únicas de este caballo, que lo diferenciaban del resto. «Pampero no salía corcoveando como los demás caballos. Se paraba de manos y ofrecía un espectáculo impresionante. Su presencia era imponente, y siempre brindaba un show memorable», comentó Dialutto.
Este imponente animal se mantuvo en el ruedo por más de 14 años, lo que no es común en las criollas, donde muchos caballos no logran una permanencia tan prolongada en el tiempo.
Pampero no solo era un ídolo en las jineteadas, sino también un miembro querido de la familia de Gonzalero. Según Dialutto, el caballo mostraba una inteligencia especial, incluso parecía comprender cómo debía actuar en cada competencia según la disposición de sus patas. Pero en casa, Pampero era un animal dócil y juguetón, querido por todos, y su partida ha dejado un profundo vacío en la familia.
El impacto de su muerte fue tal que la noticia se extendió rápidamente por todo el país. Mensajes de condolencias llegaron de todas partes, desde artistas que le dedicaron poemas y payadas hasta admiradores que lo consideraban un ídolo. «Era como ver a un futbolista estrella, la gente pagaba para verlo en acción y luego los niños se sacaban fotos con él», expresó Dialutto.
Este caballo, que murió de un problema cardíaco, será recordado no solo por sus logros en las jineteadas, sino también por la conexión especial que tenía con su dueño y con el público. La familia de Gonzalero lo cuidaba como a una mascota, y su pérdida ha generado una profunda tristeza entre quienes lo conocían.
Dialutto también aprovechó la oportunidad para desmitificar algunas críticas que enfrenta el deporte de las jineteadas, especialmente en la capital del país. Explicó que los caballos como Pampero son cuidados con esmero y que su participación en las competiciones es breve, generalmente de 8 a 10 segundos. «Pampero disfrutaba de la emoción del público cuando lo aplaudían tras una de sus espectaculares paradas de manos», recordó.
La partida de Pampero marca el fin de una era en las jineteadas uruguayas, y su legado vivirá en el corazón de todos aquellos que lo vieron brillar.